En la obra de Héctor Dávila, pintor y escultor muy joven, se aprecia su gusto por la imagen y por las artes que permiten despertar el intelecto y la creatividad, también se deja ver su búsqueda por lograr soluciones novedosas al realizar su escultura en barro, y para su obra pictórica sobre los lienzos. Utiliza yuxtaposiciones en temáticas e iconografías, mediante líneas relaciona personajes y espacios para describir tiempos diferentes, para describir el carácter del hombre, va de lo metafísico a lo narrativo, recurre a lo simbólico, va de la explicación de varios planos a la composición simple e inmediata que nos recuerda los paisajes de la época colonial en México, aquellos en los que la figura humana se magnificaba ante un paisaje distante y mínimo en el que también se narraba la vida del personaje, o se integraba alguna escena importante.

Su formación le permite explorar imágenes ligadas al cine, a la fotografía o a la literatura, pero también están las que surgen de su creatividad, las que van más allá de lo pictórico y que le permiten crear esa obra lúdica donde la composición es un juego en el que las figuras aisladas finalmente se relacionan entre campos, unos saturados de color y simbolismo, mientras otros son de absoluta austeridad.

Su paleta la convertido en color-símbolo-valor, con el manejo frecuente de antinomías. En sus composiciones figurativas y especialmente en el retrato se aprecia facilidad en su dibujo, es observador y fiel intérprete del detalle, son obras donde se deja ver una fuerte plasticidad así como el conocimiento del carácter y de lo espiritual. La sensibilidad de Héctor Dávila, le permite reconocer que este género ofrece una inagotable fuente de interpretación en cada ser humano, en cada rostro.

Sus composiciones también quedan resueltas con presencias de opuestos: personajes de expresiones fuertes y crueles comparten espacios con seres de extrema fragilidad; lucha entre deterioro y poder; lucha entre mundos reales y mundos oníricos; dominio de lo urbano sobre la naturaleza. Héctor Dávila utiliza un código contemporáneo tanto en el manejo del color, como en su constante búsqueda compositiva y su dedicación al estudio y al oficio, todas ellas condiciones indispensables en la formación del artista.

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